Antes de la IA, no había forma de evitarlo: escribir un ensayo llevaba horas, si no días o semanas. Hoy en día, las herramientas de IA pueden generar textos similares en cuestión de segundos, lo que hace que resulte tentador para los estudiantes intentar hacer pasar por suyo un trabajo generado por la IA. Pero, además de las implicaciones éticas —ya que hacerlo supone una violación de la integridad académica—, es poco probable que se salgan con la suya. Hay varias formas en que los profesores pueden saber si algo ha sido escrito por la IA:
- El trabajo no concuerda con lo que el alumno ha hecho anteriormente. A través de debates en clase, ejercicios escritos a mano y otras tareas, el profesor se hace una idea de las capacidades y el estilo propio del alumno. A menudo, esto permite detectar fácilmente si el trabajo que ha entregado no es realmente suyo. Por ejemplo, si un alumno de octavo curso con un vocabulario normal entrega un ensayo repleto de palabras más avanzadas, eso podría ser una señal de alerta, al igual que un trabajo en el que brillen por su ausencia los errores ortográficos y gramaticales. Del mismo modo, si la sofisticación de las ideas del ensayo supera todo lo que el alumno ha demostrado en el pasado, eso podría sugerir que lo ha escrito la IA.
- Hay indicios reveladores que sugieren que el texto lo ha escrito una IA. Al igual que muchos escritores tienen unas cuantas palabras que utilizan constantemente, la IA cuenta con un sinfín de expresiones típicas a las que recurre con mucha más frecuencia que un ser humano medio. Desde «se enfrentó a numerosos retos» hasta «conmovedor», los profesores reconocen estas expresiones como señales de que un ensayo ha sido generado por ordenador.
- El ensayo incluye «alucinaciones». Los textos de los estudiantes pueden contener a veces errores fácticos, pero los cometidos por la IA suelen ser mucho más evidentes. Estos errores, denominados «alucinaciones», pueden consistir en tergiversar hechos ampliamente conocidos —por ejemplo, el nombre del actual vicepresidente— o en inventar citas. Un trabajo generado por IA también podría no seguir instrucciones sencillas. Por ejemplo, si se le pide a la IA que escriba un ensayo citando el penúltimo párrafo de El gran Gatsby, el resultado es un texto que hace referencia a una frase más famosa de una parte anterior de la novela. Un escritor humano, por el contrario, pasaría a la parte final del libro para encontrar una cita.
- Un verificador de plagio como Pangram lo señala automáticamente. La forma más sencilla que tienen los profesores de saber si un trabajo ha sido generado por IA es pasarlo por un detector de IA. Pangram es una de las herramientas de transparencia más precisas y fiables, pero incluso el software que los profesores llevan años utilizando para detectar el plagio ahora suele comprobar también si hay intervención de IA. A la hora de comparar detectores de IA, la precisión y las bajas tasas de falsos positivos son fundamentales.
Estos indicios no constituyen una prueba definitiva de que un ensayo haya sido generado por IA, pero si los profesores los consideran señales de alerta, esto podría dar lugar a un debate sobre el proceso de redacción del alumno o incluso a una investigación por posibles incumplimientos del código deontológico. Asegúrate de actuar con cautela y de utilizar una herramienta con un bajo índice de falsos positivos a la hora de revisar los trabajos de los alumnos.
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